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Fernanda Pintle

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Del periodismo a la música: esta es la historia de Víctor, uno de los organilleros de la CDMX

Por: Business Insider México

Escuchar su melodía es referente de las calles de la Ciudad de México. Ser organillero es una tradición que llegó al país desde Alemania en 1884, de la mano de 2 migrantes: Agustín Wagner y Guillermo Levien.

Víctor y sus compañeros conocen muy bien cómo es este oficio, que les ha dado la libertad que buscan y el acercamiento con las personas durante la pandemia.

Víctor, organillero desde los 15 años, trabajaba en la frontera entre México y Estados Unidos, en la garita de San Ysidro, donde mexicanos y estadounidenses lo apoyaban.

Sin embargo, con el cierre del tránsito terrestre por la pandemia de Covid-19, el 18 de marzo de 2020, perdió su fuente de ingresos y vivir ahí ya era muy costoso.

«No íbamos a sobrevivir mucho tiempo, porque la renta es cara, la comida también. Entonces decidimos regresarnos», dijo.

organillero
Víctor y sus compañeros en Avenida Reforma | Fernanda Pintle

Dejar una vida por el organillo

Víctor optó por regresar a la Ciudad de México, donde tuvo sus primeros inicios como organillero.

Desde los 15 años aprendió a tocar el instrumento y le sirvió para poder pagar los gastos universitarios de la carrera de Comunicación en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UNAM).

Aunque Víctor trabajó por 2 años en periodismo; la libertad que le da el organillo no se la pudo dar este empleo.

«(El periodismo) es bonito; pero como dice (Gabriel García) Márquez, se sufre como perro. De sufrir ahí a sufrir con el organillo, mejor sufro aquí», dijo.

«Era difícil entre el trabajo, la universidad y la familia y llegó un día en el que dije: ‘dejaré el oficio del periodismo y me voy con el organillo a viajar», agregó.

Y sí, Víctor logró llegar a Tijuana junto con su organillo, proveniente de Berlín de la calle Schoenhauser 73, hecho por la familia Frati.

La libertad de poder elegir un oficio

La pandemia también le dio el tiempo necesario a Víctor para lograr terminar su tesis para poder hacer patrimonio cultural el oficio que tanta quiere.

«Mi primo siempre decía que ser organillero es un cheque en blanco, porque te vas a trabajar y puedes ganar poco o mucho. Y yo digo que es un pasaporte porque te permite viajar a donde quieras», dijo.

Otro beneficio, cuenta Víctor, es que puede trabajar a la hora que el prefiera, sin horarios y en cualquier zona de la ciudad.

Entre semana se puede generar de 100 hasta 300 pesos y los fines de semana 400 pesos, todo depende del horario que se elija. Y la renta del organillo va desde los 100 a 200 pesos.

«Este oficio tiene la bondad de dar mucho, por ejemplo si te levantas a las 6 de la mañana, en el rastro ya hay mucha gente y puedes trabajar muy noche en Garibaldi», agregó.

Las personas le ayudaron con despensas durante los confinamientos

Además, durante los confinamientos, Víctor y sus compañeros recibían despensas de personas que se conmovían con la melodía del organillo desde sus balcones en edificios y casas.

«Al no ver personas en las calles, nos empezaron a dar mucha despensa, parecían arbolitos de Navidad nuestros carros, de tal forma que, podríamos trabajar una semana y descansar otra», dijo.

Su compañero Crescencio, con experiencia de 20 años, cuenta que en una ocasión personas de la tercera edad se conmovieron hasta las lágrimas cuando los escuchaban tocar desde las casas.

«Nosotros acudimos a tocar a las colonias y lo que me sorprendió mucho fue cuando la gente estallaba en llanto, porque cuando escuchaban el sonido en medio del silencio de la calle. Muchas personas de la tercer edad y parejas se tomaban de la mano», contó.

El organillero asegura que en este oficio se puede trabajar solo, en parejas o tríos, todo depende del lugar dónde se toque.

Por ejemplo, en los restaurantes asegura que conviene que sean tres personas: una toca, otra recoge dinero en el restaurante y otra con las personas que pasan en la calle.

Innovarse o morir

Organillo de Víctor | Fernanda Pintle

Los organilleros ahora buscan nuevas formas de pago para que su labor continúe, a través de códigos QR y terminales.

Con la nueva modalidad de los restaurantes, con mesas en las banquetas para no tener saturados los espacios cerrados, los organilleros pueden tener la oportunidad de tocar sin que los corran.

«Ya no es tan fácil que cuando están comiendo las personas puedan sacar el dinero y el celular siempre lo traen en la mano, por lo que empezamos a explorar opciones de cobro», contó.

El organillero cuenta que ahora con el código es una buena opción e incluso les han dado hasta 50 pesos.

El mejor regalo es escuchar a un organillero

Víctor y sus compañeros luchan por mantener viva su tradición de cientos de años, además afirman que con el confinamiento las personas cambiaron y ahora los apoyan más o valoran más la música que ellos tocan.

«En esta pandemia lo que me marcó fue esto, la gente nos mostraba un afectó, a la gente le agradaba, les recordaba algo, les da nostalgia escucharnos», finalizó Crescencio.

Por Fernanda Pintle

Con información de Business Insider México

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